jueves, 4 de junio de 2015

Obra suspendida de Evelyn Waugh

Me quejo mucho de que ya no me gusta la novela, pero en realidad me siguen gustando algunas, por ejemplo todas las de Waugh. Hasta esta: Obra suspendida. Dos capítulos de una novela inacabada, de poco antes de la Segunda Guerra Mundial. De hecho me ha gustado un montón.

Es, además, un antecedente clarísimo de Retorno a Brideshead: aquí el protagonista es un Ryder pero novelista y cruzado un poco con la indolencia de Tony Last (el de Un puñado de polvo). Su padre es también como el de Ryder, pero aquí es pintor: un tipo maniático, incapaz de empatía. Al menos tiene consejos buenos para sus alumnos: «Si quieren escribir libros sobre Arte, troten por Europa y estudien los Rubens» (51). Hay una mujer inalcanzable de la que se enamora el protagonista. También aparece por ahí un antecedente de Hooper, el ridículo Atwater, paradigma del hombre nuevo. Lo que no hay es problema religioso. Está también la preocupación por la destrucción de la arquitectura tradicional a manso de los bloques de pisos. Mirad cómo describe la casa de su padre:
La casa era sombría pero estaba en buen estado, por lo cual, supongo que de tanto en cuando habrían hecho algún tipo de remozamiento imperceptible. Parecía lo que era: la casa de un artista obsoleto de 1880. Las cortinas y fundas de las sillas eran de la indestructible tapicería Morris. Las chimeneas estaban forradas de azulejos holandeses; alfombras levantinas en el suelo; en las paredes, grabados de Arundel, fotografías de los cuadros de los grandes maestros y platos de mayólica. El mobiliario, ahora amortajado, tenía el aspecto inimitable de no haber sido movido de su sitio durante una generación. Era una armoniosa y discreta mezcla de muebles heredados, de palo de rosa y caoba, y otros baratos de roble alemán tallado, nogal español, y cómodas y paradores ingleses, aguamaniles de cobre y candelabros de bronce. Los objetos me eran todos familiares, pero estaban tan vinculados al ambiente que más tarde, cuando hube de retirarlos, descubrí una serie de cosas que apenas reconocía. Por toda la casa había cientos de libros antiguos en estantes colgantes, de pie, o giratorios (49).
Me gustó mucho ver que estamos en la transición del tipo de novelas de antes de la Guerra (más bien humorísticas, tirando a frívolas, con personajes recurrentes que suenan como bromas privadas -aquí aparecen mencionados Lady Metroland y Basil Seal), pero con la seriedad, incluso angustia, que se ve bien ya en Izad más banderas.

Waugh acabará siendo un tipo de novelista con menos concesiones, más descarnado, menos espectacular, pero mucho más profundo. Ahora va a salir un libro que me interesa un montón sobre el cambio en la novelística de Waugh en ese periodo último.

El libro lo he disfrutado además en la edición «en moleskine» que hicieron en Treviana, con traducción de María Maestro y un prólogo de Ignacio Peyró.

1 comentario:

  1. Interesante. ¿Hay algún indicio del título que Waugh le pensaba poner a esta novela?

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