lunes, 18 de mayo de 2015

Pompa y circunstancia de la aldea santiaguesa

Vivir en una esquina de un continente en decadencia no es fácil de gestionar (si tienes pujos de grandeza, claro).
El otro día estábamos para misa en la capilla de la Comunión de la Catedral los beatos habituales (no el electricista; desde aquel suceso infausto, judicialmente le prohibieron acercarse por allí) y a poco de empezar aquello se fue llenando de unos personajes vestidos con libreas muy chulas. El santiagués medio lo ha visto ya todo en rarezas peregriniles, desde las versiones puristas a las perrofláuticas, desde el uniformado con The North Face (la élite) al que compra en Decathlon, así que no movimos un músculo.

Pero esas libreas eran impresionantes. Resultó ser -agarraos- la Pontificial Equestrial Order of Saint Gregory the Great.



Busqué luego en el internet a ver y me alegró que entre sus caballeros estuvieran Riccardo Muti, Otto von Habsburg, G. K. Chesterton, Bob Hope o Henryk Górecki.

La misa acabó siendo en inglés. Yo busqué en mi smartphone las lecturas del día y se las enseñé a la señora de al lado, la cantora habitual (más de lo que me gustaría, pero dejémoslo ahí) de esas misas. Aparte de mí, los autóctonos no dieron señal de haber notado nada nuevo. Pero cuando nuestro cura de siempre leyó una lectura en castellano, entonces los ingleses se removieron inquietos; al menos les ganamos en flema (podría haber sido todo en latín, pero a nadie pareció ocurrírsele la idea).

3 comentarios:

  1. Es la orden de San Gregorio Magno, ¿no?. También hay españoles que la tienen. Yo fui a la imposición de la Gran Cruz a Gustavo Villapalos, por el Cardenal Rouco.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, es para gente de todo el mundo, incluso no católicos

      Eliminar
  2. ¡Ah, qué bueno! Este año acabamos, creo, el Camino, lo que nos plantea algunos interrogantes y reflexiones.

    Un abrazo

    ResponderEliminar

Vamos a contar mentiras

Cuando escribí sobre Sólo hechos , el último volumen de los Diarios de Andrés Trapiello, no quise entrar a algo que cuenta de una cena en Va...