jueves, 2 de abril de 2015

Cristóbal de Morales, Requiem - Música ficta



Con la intención pura (el frío que hacía lo garantizaba) de oír solo música (que suponía excelente) me arrellané en el duro banco de las Clarisas y me preparé a ver qué tal.
Fue un gran regalo poder escuchar el Requiem a cinco voces de Cristóbal de Morales y su Lamentabatur Jacob (el disco que hicieron con las dos obras se puede comprar en este enlace). Esto es el youtube del disco:



Yo sentía escalofríos, que podían ser de frío y también de conmoción ante esa música contenida, emocionante, serena, sobria, cantada por unas voces seguras, poderosas, las de Musica Ficta, con su director metido a fondo en la obra. Ese mismo director, Raúl Mallavibarrena, protagoniza este reportaje maravilloso, con música gloriosa (y un poquito del Lamentabatur Jacob) de un proyecto paralelo:



Aquí lo tenéis:

3 comentarios:

  1. Quizás esté obsesionado -como una de esas manías del tío excéntrico de la familia- con que la música sagrada debe incorporarse a su ámbito natural, la liturgia. Recuerdo cuando vivía en Londres que los domingos se podía oír misa-concierto en lengua vernácula, más de estilo mozartiano, en los jesuitas, o, de tipo barroco y en latín, en el Brompton Oratory. Aquello me parecía un poco esnob, la verdad. Pero tuve la suerte de encontrar una parroquia dominica al norte de Camdem en que, tras la misa de niños, las de las guitarras se saludaban amigablemente con el pequeño coro (cinco, siete voces) que cantaban motetes, con dignidad, en una misa en latín según el Novus Ordo. Una asamblea normal. Todo, impensable en España. Ni el cura sabe latín, ni los fieles sabemos cantar y todos estamos seguros de que una misa así es poco "participativa" y no atrae a los jóvenes... Bueno, nos queda el consuelo de conciertos tan maravillosos como el celebrado en estas Clarisas. Que me perdone Ángel un comentario tan largo y la hospitalidad a un tío inofensivamente "maniático"...

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    1. Cavalcanti, mon semblable, mon frère: eso querría yo. Recuerdo que algo así había en la Catedral de Westminster, aunque sin latín: cantos maravilloso de un coro prodigioso al servicio de la liturgia. Y en Gran Bretaña adoran a Victoria, Morales, et.

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  2. Un placer leeros y sí, esto de aquí es otra cosa. Supongo que siempre lo ha sido. Qué pena.

    Un abrazo

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