martes, 27 de enero de 2015

Más de Spaemann

Podría continuar lo de ayer copiando páginas y páginas, pero mejor leed el libro vosotros. Yo solo pongo unas pocas cosas más:

Cuenta que el ayuntamiento de Stuppach decidió prestar una Madonna de Grünewald a la Galería Estatal de Stuttgart. Fueron los del pueblo a verla allí y  «el director cayó en una mezcla de confusión y estremecimiento cuando los visitantes espontáneamente se arrodillaron y cantaron un himno a la Virgen». Para Spaemann es lo mismo que cuando Pablo VI en santa Sofía de Estambul se arrodilló ante un mosaico de Cristo «devolviendo así a la imagen por unos minutos su verdadero significado». Termina contando que le estropearon su primera visita a Nüremberg los cartelitos informativos que habían puesto en las casas: «algo así como ostentosos entrecomillados con los que la ciudad se ponía a sí misma como entre paréntesis». Y concluye: «En una ocasión Proust escribió que prefería ver las catedrales de Francia destruidas a verlas alejadas de su objetivo primordial de servicio a Dios». Y redondea quejándose del gregoriano enlatado que tiene que soportar ahora en las iglesias. (30-31)

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Siempre me ha conmovido profundamente el motivo por el que los atenienses fundaron su democracia. El último rey, Codro, había ofrecido su vida por Atenas y nadie fue estimado digno de sucederle. Este hecho constituye la más hermosa justificación que conozco de la democracia. (30)
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Trabajando de joven en una editorial, quiso editar Derecho natural e historia de Leo Strauss:
Cuando apareció el libro, en 1956, lo leí como si fuera la Biblia. Lo que buscaba me pareció encontrarlo ahí. Vi que cobraba todo su significado el concepto normativo de naturaleza y de lo natural. Fue para mí una gran fortuna encontrarme con Leo Strauss (132).
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Sobre los valores: «El Tercer Reich se autoproclamó una comunidad de valores. También los países comunistas». Peligros de forzar a los ciudadanos a que tengan nuestros valores: lo que deben hacer es cumplir las leyes.
 [me mandan un enlace a un pdf con una conferencia suya en la que desarrolla muy bien esto]
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Venga, termino con esto:
El espíritu de la época -todo espíritu epocal- consiste en una colección de prejuicios para los que se reclama una especie de autoevidencia. La tarea de la filosofía consiste en reflexionar sobre esas evidencias. (310).

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