martes, 6 de enero de 2015

Los Reyes

Entrando en Hierusalén, escondióseles la estrella. ¿Hay aquí alguno a quien se le haya escondido la estrella?
-Un tiempo estaba tan devoto, el pensamiento bueno se me venía sin que yo lo buscase, en la cama recordaba pensando en Dios.
-Si se escondió la estrella, ella parecerá.
Aparecióles la estrella y caminaron tras ella (cf Mt 2,9).
Y cuando estuviesen cerca de Belén, sospecho yo -esto no está en la Escritura- que, cuando la viesen, dirían:
-«¿Qué cosa más alta hay en este lugar? ¡Eh, allí en aquellas torres debe de estar!».
-¿Allí irá la estrella? No irá, sino al mesoncito, que quizá no tenía tejas, quizá sería de paja: ¿quién sabe eso? Estaba en una peña grande, hecha una concavidad. Allí estaba el pesebre donde el Rey de los reyes fue reclinado. Allí nació el Salvador en aquel establico. Pónese la estrella en aquel portalico. ¿Quién había de pensar que estaba allí Dios? Andad delante. Ir hemos tras vos. Creo que entonces echaba más claros rayos y que decía más claro: «Aquí está». ¿Cómo es posible?
San Juan de Ávila, Sermón en OC III, 92

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