martes, 9 de diciembre de 2014

Regresiones adolescentes

Estuve en una casa donde tenían libros de los Cinco y de Los tres investigadores.
Leí unas páginas de cada, a ver si descubría por qué me volvieron loco con 10 años los unos y con 12-13 los otros.

De las pocas páginas del libro de los Cinco no saqué en claro mucho de mi yo de 10 años. Era todo muy lento, no pasaba casi nada, parecía Proust: qué paciencia tenía yo entonces con los libros.

De Los Tres Investigadores me llamó la atención el uso y abuso de «empero» y que me seguía fastidiando que apareciera Hitchcok por allí en medio. Pero qué gran portada:



A ambos los destronó Agatha Christie (motivos, a propósito de P.D. James, en este artículo espléndido del grandísimo Ralph C. Wood).

Luego cogí un libro de Guillermo Brown y me leí dos capítulos y me volví a reír.
Me acordé, leyéndolo, de lo mucho que decía «¡Troncho!» (en la traducción, claro).

11 comentarios:

  1. ¡Magnífico! ¡Qué lecturas! Los Cinco y Proust. ¡Qué verdad!

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  2. Tenía (tengo) la colección completa de Los cinco y de Los tres investigadores.
    Cuando tenía veintitantos hice el mismo experimento que tú, y Los cinco me resultaron pesadísimos. En cambio, Los tres investigadores aguantaron la revisión con dignidad.
    ¡Qué tiempos! ¿Leiste también Los Hollister?

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    1. También había libros de los Hollister: ya me pareció demasiado heavy entrar en esa vía compleja.

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    2. Suelo preguntar a mis alumnos (entre seis y sesenta y pico de años) qué están leyendo, si es que leen algo. La mayoría, adolescentes, leen lo que les mandan en el instituto, pero algunos leen algo más, y mi sorpresa es grande cuando todavía leen, mezclados con Los juegos del hambre, Harry Potter y otros, Los cinco o Los siete, o Los Hollister o ¿Las torres de Mallory?. Hace ya algunos años que pienso que debería volver a leer " Los cinco y el tesoro de la isla" o "Los siete en Villa Rat ta ta" ( o eran "Los cinco", no sé) y saber, de una vez por todas , qué es un cobertizo, que en mi imaginación era lo mismo que los noruegos tienen fuera de su casa para pasar allí, entreteniéndose, las largas tardes de invierno. En fin, no somos ya unos niños, lástima, a veces.

      Un abrazo

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    3. Yo leía todo lo que me caía de ese tipo de cosas, también Torres de Mallory, Los Siete, la serie de Misterio, la serie de Aventura. Mi padre nos traía cuando iba a Madrid.

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    4. En el internado que estuve, más que riguroso, estaba también la colección Excelicer, que creo recordar eran bastante moralizantes. También los leí, un montón de ellos.

      Un abrazo

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  3. Yo me lo tragaba todo también... Que disfrute... Los cinco, Los Hollister, los Siete Secretos, los de Misterio. (Por cierto, JL era "Misterio en Villa Rat a tat" sobre un grupo de niños y un loro y una mona que se llamaba Miranda y Nabe un chico adoptado... La otra serie de Misterios era de Fatty un niño que se disfrazada, también de Enid Blyton).
    Tengo qué confesar, Ángel, que los momentos inolvidables que me hicieron pasar aquellos, ni por asomo lo ha logrado Proust y todo lo que sacó de su magdalena.
    A Agatha Christie sigo regresando de vez en vez, y, como una vieja amiga, nunca me decepciona, es más, cada vez me gusta más.

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    1. Yo recuerdo con especial empción la serie de 'Misterio'. La comparación que hice con Proust era por decir una boutade, claro. Yo he leído alguna novela de Agatha Christie después y siguen resultándome interesantes, con una ironía de fondo y un humor muy buenos.

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  4. Yo era más de los Siete Secretos que de los Cinco y entusiasta de los Tres Investigadores, con Júpiter a la cabeza. Y leía también Enciclopedia Brown. No leí el Pequeño Nicolás (mis hijos sí), ni Guillermo Brown. Más pequeños, como con seis o siete años, en el colegio nos leían Cuchifritín y recuerdo desternillarme de risa. Y poco después leer ya yo la serie de animales salvajes, Timur el Tigre, Kra el Mandril, Frisk la Nutria, que eran estupendos. Los he encontrado de viejo y a mis hijos les entusiasman. No he vuelto a ver Las aventuras de Wilbur y Carlota, libro que me hizo llorar con unos siete años.

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    1. Yo también leía Enciclopedia Brown. Qué de emociones todos aquellos libros.

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