martes, 16 de septiembre de 2014

Zagreb 7

Yo no iba a Zagreb por la pintura. No conozco el Louvre, ni tantas galerías italianas, ni muchos museos alemanes, ni las de de Suiza, Holanda o Bélgica ni los infinitos Museos de USA. Pero yo estaba en Zagreb.

El primer día fui, con cierto escepticismo, a ver la colección del obispo Strossmayer, una figura importante en la Croacia del XIX.

La impresión que me dio (hacía calor, eso influyó claramente en contra) fue que al tal obispo le habían timado algunos marchantes italianos a los que me imaginé yo que compró los cuadros al peso: en el mejor de los casos, obras secundarias o de taller; en el peor, falsificaciones.

Había un cuadro de Juan Sureda. Había muchas cosas italianas, pero -ya digo- me parecían casi todas un fake. Un Poussin me recordó demasiado a otro de Dublin. Me paré ante un Bellini y no supe si admirarlo o no: mi mente estaba bloqueada por la sombra de la duda, por decirlo a la tremenda.


[foto, de aquí]

Más adelante, vi un libro sobre la Catedral de Đakovo, que hizo ese obispo. Esa sí que me hubiera gustado visitarla, pero estaba muy lejos, en el extremo este de Croacia: la región de Eslavonia (no confundir ni con Eslovenia ni con Eslovaquia).

Echadle vosotros un vistazo a la Galería en esta excelente galería de fotos.

2 comentarios:

  1. Cada vez que oigo "Bellini" se activan las ruedecitas y...:

    "-A Charles le interesa mucho la pintura.
    -Ah, ¿sí? -Y yo capté un matiz de profundo aburrimiento que tan bien conocía en mi propio padre-. ¿Sí? ¿Algún pintor veneciano en particular?
    -Bellini -contesté, un tanto al azar.
    -¿Sí? ¿Cuál de ellos?
    -Lo siento; ignoraba que hubiera dos.
    -Tres, para ser exacto. Descubrirás que durante las grandes épocas artísticas la pintura solía ser un negocio familiar."

    ... igual tu cuadro era del tercero.

    ResponderEliminar