jueves, 1 de mayo de 2014

Dios, calderero

Sigo con san Juan de Ávila*:
Comienza el bienaventurado San Juan a descubrir lo que él tenía en su corazón: que lo que más predicaba y escribía era caridad, que, cuando era muy viejo, llevábanlo a la iglesia en una silla y cuando paraban en el camino predicábales: «¿Qué pensáis, hijuelos? Amaos unos a otros» (176 l. 5 – 177 l. 9 ).

Ve aquí el cordero de Dios, el pan cenceño, el sencillo sin dobladura (180 l. 121-122).

Llamábanse en aquel tiempo [la iglesia primitiva] hermanos. Llegad a llamar agora «hermano»; deciros han no sé qué (181 l. 164-5).

Cosa más dificultosa es para la flaqueza del hombre el Evangelio, que habla con el corazón, que no la ley moral. Más dificultosa cosa es sufrir una bofetada que no comer toda la vida carne de puerco, ni anguilas. Hallaréis muchas personas que no tienen en nada no comer carne toda la vida y háceseles cosa tan recia perdonar una injuria que no lo pueden acabar consigo; tan recio en eso y en esotro tan flaco. Dice san Ambrosio: Non est in potestate nostra cor nostrum, neque possumus aliquid. Solo Dios es el calderero de los agujeros del corazón; solo Dios es el médico de él (188 l 120-129).
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S. Juan de Ávila, Lecciones sobre la primera canónica de san Juan (I) [en Obras Completas de san Juan de Ávila, II ed. L. de Sala Balust y F. Martín Hernández, BAC, Madrid, 2001, 118-343

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