lunes, 5 de mayo de 2014

Baldomero Fernández Moreno

Javier de Navascués levantó la liebre. Enrique García-Máiquez le siguió a la caza de aforismos y yo me cogí un libro de la biblioteca* y me fascinaron poemas como estos:

Una estrella.

Viaje.

La cuna.

Un aplazado.

No he encontrado en la red Figón, un soneto, del que rescato aquí los dos tercetos finales:
Gusto de esos espesos figones castellanos;
boinas sobre la oreja, en las fajas las manos,
elles, zetas y jotas y una muchacha arisca.

De estos figones rojos, donde un brazo desnudo
con una carta en alto, primitivo y nervudo
cae como un hachazo sobre la mesa y … ¡brisca!
Luego me conmovieron sus recuerdos de infancia en España y de juventud de vuelta a Argentina (creo que son de La patria desconocida y Vida y desaparición de un médico). Por poner algo de prosa, copio aquí un texto (de un libro que se llama Quiosco):
ESTAMPA DESCOLORIDA
He ido a misa de diez y me he sentado entre el escribano y un rentista pacífico. Misa solemne, en honor del Sagrado Corazón de Jesús. Las Hijas de María cantaban en el coro y las acompañaba con el órgano chillón y cansado este viejo músico de melenas y barbas grises que pasa por el pueblo, flaco, casi espectral. Al salir he dejado unas monedas en una bandeja que estaba sobre una mesa, entre dos velas. Y una señora vestida de negro me ha dado dos estampitas del Niño Jesús llamando suavemente a una puerta.
Ahora son las tres de la tarde y he salido al balcón. Apenas si suenan algunas campanas. Y como anoche llovió abundantemente, las calles están llenas de barro. Y del cielo ceniciento cae, con alguna que otra gota, una melancolía penetrante: plomo sin peso y penetrante. Todo en esta estampa es gris, descolorido, vulgar. Cierto que esto ocurrió en un pueblo que casi es un caserío, en una iglesia que casi es una capilla, con un organista que casi es una sombra y a un poeta que, en realidad, es un médico sin clientes.
Y luego están los aforismos, que es por donde empecé:
Debe de haber un país en que la luna salga y se ponga ya toda hecha, sin tantas zarandajas de crecientes y de menguantes (202.1).

En un abrir y cerrar de ojos la araña de la nata teje su tela (206.3).

Hay gente que tiene la manía de los parecidos. Es un principio de arte (207.9).

Jesús se debió haber conformado con un inclinaos los unos a los otros (208.5).

Morir es esperar a los demás (211.6).

Un poeta nacional es un poeta universal que se ha ensañado con su país (213.11).

A cada rato me descubro brutalidades y delicadezas increíbles (214.7).

Yo creo en todo, hasta en las dedicatorias (219.9).
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*César Fernández Moreno ed., Baldomero Fernández Moreno. Antología de antologías, Colección Literatura Latinoamericana Casa de las Américas, La Habana, 1984

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