martes, 4 de febrero de 2014

El CGAC como droga

No voy al CGAC ya casi, pero estuve en noviembre en la inauguración de 93, la exposición que "conmemoraba" los veinte años.
En los discursos todos se congratulaban conjugando en perfecto bullshit la idea-fuerza modernidad con la idea-fuerza enraizamiento.
Contó el conselleiro de Fraga daquela que este le dijo de hacer un Museo que estuviera a la altura de otras ciudades de España (un gran SIC) y compitiera por lo menos con algunos de América del Sur (yo miré al brasileño, a mi lado, a ver qué cara se le había quedado).
Y luego Feijoo (diréis: los hay peores; sí, pero mirad las tonterías que está diciendo ahora a cuenta del aborto): la hondura de su ignorancia intentando articular alguna idea "suya" después de leer el discurso preparado.

Y a un lado, los "artistas", apoyados en la pared y con aire casual:


Y al otro las "autoridades":

Lo que parecen ventanas es un lienzo expuesto al sol (salvo los recuadros centrales) para que quedase ese efecto de ventana. Así mucho: efectos pirotécnicos para mentes impresionables.

En la misma sala:

(Foto de la web del CGAC). De izquierda a derecha: un panel con una luz (la chica que lo mira muestra una admirable constancia por mirar algo así).
Luego unos tubos de aluminio apoyados en la pared, con unos textos que deseo que sean aleatorios.
A continuación cojines de avión cosidos formando una especie de bandera
Por último un colchón pero de cera.

3 comentarios:

  1. No entiendes. Los cojines son la metáfora metafísica del hombre (o la mujer o la ciudadanía) gris atado a sus prejuicios, alienado por lo consuetudinario, aherrojado por la mentira y el miedo, que le impiden ascender.
    ¡Pero claro, hay que saber mirar!

    ResponderEliminar
  2. Hace bastantes años toqué en la inauguración de una exposición de un importante pintor catalán. Me contrataron a última hora de la mañana para la tarde, y me dijeron que tocara lo que quisiera, pero que sonara a jazz. Y eso hice. No me había acordado nunca más hasta ahora.
    Escribes desde Santiago, ciudad que, gracias al camino de Santiago ha ido adquiriendo, para mí, un carácter cercano al mito. De hecho, estuve en Santiago en el 69 ó 70, volví hace unos diez años, pero no estuve cuando estuvimos en La Coruña. Quiero llegar andando, ya ves.
    Las exposiciones de aquí son fácilmente comprensibles, la mayoría: alumnos de la Escuela de Artes que presentan sus trabajos, alumnos de algún profesor particular que también presentan sus trabajos (habría que llamarles más bien bocetos o copias, esa es la verdad), y en general exposiciones figurativas de fáci comprensión, o sea, bonitas y simpáticas con el espectador. Algunas de la Diputación de Huesca o el Gobierno de Aragón son más pretenciosas. En general tienden al entretenimiento, más que nada, con alguna excepción.
    Me llaman la atención, en general, que ahora parece haber, afortunadamente para mí y para otros, exposiciones de fotografía de fotógrafos realmente buenos, de lo que me alegro. En Lleida hay una de Catalá Roca, que creo que ya vi en Zaragoza, y otra de Win Wenders, del que no conozco nada como fotógrafo. Me ha gustado tu comentario sobre el
    CGAC, que supongo visitaremos cuando lleguemos a Santiago (este año comenzaremos en Villafranca del Bierzo, y por fin entraremos en Galicia).

    Un abrazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hace dos años sí hubo en Binéfar una exposición que estuvo bien, al menos respondía a las expectativas. Unas sesenta fotos del Binéfar del siglo veinte, con las transformaciones que han habido. Casi todas eran emocionalmente sugerentes, más para los de Binéfar que para mí, que no he nacido allí, pero algunas eran completas, o sea, visualmente potentes, vigorosas, emocionalmente sugerentes e intelectualmente adultas, documentos bien hechos. También recordé que Susan Sontag decía que el tiempo tiende a convertir todas las fotografías en buenas fotografías. Hay que ir con cuidado, pues.

      Un abrazo

      Eliminar