viernes, 31 de mayo de 2013

Y eso que no vemos más que una chispa

Se leyó en la misa de ayer (Eclesiástico 42, 15-26):
Voy a recordar las obras de Dios y a contar lo que he visto: por la palabra de Dios son creadas y de su voluntad reciben su tarea.
El sol sale mostrándose a todos, la gloria del Señor se refleja en todas sus obras.
Aun los santos de Dios no bastaron para contar las maravillas del Señor.
Dios fortaleció sus ejércitos, para que estén firmes en presencia de su gloria.
Sondea el abismo y el corazón, penetra todas sus tramas, declara el pasado y el futuro y revela los misterios escondidos.
No se le oculta ningún pensamiento ni se le escapa palabra alguna.
Ha establecido el poder de su sabiduría, es el único desde la eternidad; no puede crecer ni menguar ni le hace falta un maestro.
¡Qué amables son todas sus obras!; y eso que no vemos más que una chispa.
Todas viven y duran eternamente y obedecen en todas sus funciones.
Todas difieren unas de otras, y no ha hecho ninguna inútil.
Una excede a otra en belleza: ¿quién se saciará de contemplar su hermosura?

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