jueves, 31 de enero de 2013

Lanzar ratas

Vi la noticia y mi primera reacción fue reírme:

Así empieza la crónica: El público quería ratas y hubo ratas.
Los quintos de un pueblo de Valencia tirando ratas de un lado al otro de la plaza.

En un país donde parece normal que haya 118.000 abortos anuales, qué narices importa que tiren de un lado a otro de la plaza ratas muertas un dia al año.
Luego te paras a pensar. Ves la foto: pues tampoco es para aplaudirlo.
Alguno allí decía que era una tradición de 300 años. Ja. Y qué manía con la tradición: si es de algo bueno, bien, pero no por tradición, sino por bueno. Y hasta a lo bueno hay que estar todo el tiempo quitándole adherencias 'tradicionales'. Dejando de lado que las tradiciones milenarias acaban siendo de antesdeayer (la queimada -esa costumbre ancestral- empezó por 1950; el conxuro es de 1967).

No tengo dudas además de que fiestas, lo que se dice fiestas, esos "quintos" las tienen todos los fines de semana del año.

Y ganaríamos mucho si dejáramos de contemplar tanto a esta generación, la mejor preparada de la historia -para las fiestas:

¿quintos en un país ya sin mili que celebran una fiesta de cuando solo había una fiesta al año? Amos quita.

Pero luego te respondes a ti mismo que ya vale de lo políticamente correcto en lo secundario, cuando nos tragamos camellos de maldad sancionados por políticos de derechas y de izquierdas, en este país profundisimamente hipócrita.

De estas espirales de réplicas y contraréplicas es difícil salir. Cuando lo conté ayer en casa, empecé a explicar que en esa fiesta había como peroles colgados de cuerdas que golpeaban y de los que en otros años podían salir ratas muertas, pero que lo habían prohibido y por eso se lanzaban las ratas los que estaban por la plaza y zas, me vino el recuerdo de cuando de pequeños en las fiestas de Castrojeriz, en la Puerta del Monte, colgaban de unos árboles una cuerda tensada y de ella cuencos de cerámica tapados, que había que golpear con los ojos cerrados y un palo. Y podían caer caramelos pero también agua, ahí estaba la gracia, además de ver dar palos de ciego al que golpeaba.
No, no me voy a poner sentimental. Tampoco era nada original: en todas partes se hacía algo así.

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