lunes, 12 de abril de 2021

Jesús teatrero

El otro día caí en la cuenta del gesto de Jesús con los de Emaús: ipse se finxit longius ire, hizo como que se ibá más allá (Lc. 24, 28). 

Luego me sonó que había escrito yo hace años algo sobre eso y busqué y sí, ahí estaba, Jesús como teatrero, qué cosa. Pues lo mismo dice José Miguel Ibáñez Langlois, en su La Pasión de Cristo. En concreto habla de ardides teatrales ya desde el principio del episodio:

¿Cómo llamar a esta nueva maña de Jesús, previa a su revelación: picardía, pillería, divino ardid? Después de haber simulado que lleva el mismo camino que ellos, ¡hacerse contar por ellos su propia crucifixión! Qué ocurrencia la suya: hacer con los caminantes lo que llamaríamos (respetuosamente) teatro: en vez de darse a conocer, hacer como que ..., como si fuera ..., como quien ignorase lo que pasó... ¡su propia Pasión! 

[...] Jesús se hace contar su propia historia, la historia de la redención del mundo, desde el punto de vista de la incredulidad y del pesimismo. También nosotros, cuando hacemos oración, contamos al Señor lo que él ya sabe, pero él quiere que se lo contemos a nuestra imperfecta manera -¿qué ha pasado?-, porque tantas veces él debe rectificar nuestra versión, iluminar nuestra visión pesimista, apaciguar nuestro corazón, como hizo con aquellos dos hombres (262-3).

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