En la Avenida de Coimbra, junto a un camelio enclenque, pero florecido, vi la pared de las Clarisas con esa chimenea tan tremenda, pero en lo que me fijaba era en el cielo muy azul: ventajas de pasarse meses sin verlo, porque llovió, llueve y parece que va a seguir lloviendo, a ver si logramos un record.
Ayer el cielo azul al que le hice esta foto era muy azul y, por ventura, la foto le hace justicia:
Me he acordado de tus quejas contra la lluvia al leer esto de Jeremías (cap. 10): "Él hace la tierra con su fortaleza, compone el mundo con su sabiduría, y con su prudencia extiende los cielos. A su voz da muchedumbre de aguas en el cielo, y eleva las nubes desde los confines de la tierra: en lluvia convierte los relámpagos, y saca el viento de sus tesoros."
ResponderEliminarPor cierto, que me recuerda a los lugares de la Ilíada que alaban la majestad de Zeus, que envía el rayo. Lo cual tiene especial sentido, porque en ese pasaje está hablando el profeta sobre los ídolos.
En fin, la lluvia es casi lo único que no es obra del hombre en medio de una ciudad como Santiago: a mí me consuela, aunque sea una consolación algo gris.
Mis quejas contra la lluvia son un poco retóricas, pero me sirven para caer en la cuenta de ese cielo azul de la foto. La lluvia en los textos bíblicos siempre es bienvenida, salvo con el diluvio. Y sí, es algo que no depende del hombre, una bendición de todos modos.
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