De
Un fulgor tan breve de José Jiménez Lozano este poema:
EL AMOR
¡Qué amargo el cardo!
Su flor morada, ¡qué adusta penitencia,
terciopelo y memoria
de mondos huesos de un asnillo
o un perro muertos a la vera
del camino de aldea! (...)
Aunque la cruz no señalara
allí donde tú yaces, esa rosa
violácea del cardo campesino
y la magarza, allí estarán.
Como la mano del Todopoderoso
áspera y torpe y olorosa:
las manos de mamá ya anciana
arropándote con su reúma.
¡Qué tarde vas a comprender
que este cardo, y magarza y los yerbajos,
el llantén, la grama, malvas,
el saúco son el amor eterno!
(en
Obras completas V. Poesía, 142)
Verdaderamente hermoso.
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