miércoles, 7 de abril de 2021

José Jiménez Lozano y Américo Castro

La correspondencia entre ambos me interesaba por Jiménez Lozano, porque de Américo Castro no he leído nada y, más que ideas, de su obra lo que tengo son cuatro nociones tópicas, quizá hasta falsas. En sus polémicas yo siempre me habría puesto del lado de Sánchez Albornoz, al que tampoco he leído. Ahora esas discusiones sobre el ser último de España me pillan más bien cansado.

Estas cartas no me han ayudado a acercarme a Ámerico Castro, que aparece en ellas como un viejo aviejado, susceptible, siempre quejoso de lo que digan de él, pendiente de guerras académicas reales o ficticias, que pueden venir de decenios atrás, con otros catedráticos*. Todo esto escribiendo a un periodista como JJL, al que le debían importar muy poco esas peleas universitarias: de hecho, nunca entra al trapo.

Yo de esas cartas saco la bonhomía de Jiménez Lozano. Aquí le escribe a Castro unas cartas muy bonitas, llenas de deferencia y  respeto. Da la impresión de que ha enlazado con lo que puede que fuera lo más valioso de este, su interés por las personas perseguidas, silenciadas, de la historia de España. Jiménez Lozano con ello lograría una síntesis única, por encima de confrontaciones, poniendo la atención en lo pequeño: la vida de la gente y las figuras verdaderamente grandes como san Juan de la Cruz, fray Luis de León o santa Teresa, porque aúnan todo y acogen todo, la grandeza de España y la ruindad y persecución, de la que salieron mejorados. 

Por encima de cainismos, de ver quién gana a posteriori la guerra o la historia de España, la atención de José Jiménez Lozano va a los débiles. Para mí, es un modelo de apertura de mente y de capacidad de fijarse en todo y en todos, pero poniendo la atención en lo verdaderamente valioso, por encima de los oropeles del prestigio vano.

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*En el lío mete además al Opus Dei: se le nota a Castro un recelo muy típicamente institucionista. En esas cartas lo que hay es críticas a un catedrático concreto: los editores, en vez de ver esos recelos genéricos y peleas concretas con catedráticos concretos, le compran el argumento en bloque y lo dan como un hecho en la introducción: el Opus Dei contra Américo Castro.

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