lunes, 24 de febrero de 2020

Alexander Waugh en la línea familiar


Evelyn y Laura Waugh con sus hijos (Bron en el centro)

Leí hace meses un libro de Alexander Waugh, Fathers and Sons, y no me acordé de poner aquí nada hasta que hablé de otro suyo, sobre los Wittgenstein. Quizá fue porque me dejó un recuerdo medio amargo. A mí la familia Waugh me interesa mucho; todavía más las relaciones paterno-filiales, pero el autor del libro se va por la línea de su padre, Auberon (Bron) en el deseo de epatar, forzando (me parece) algunas cosas y sobre todo siendo injusto con su abuelo Evelyn, que, por otro lado, era bien raro y retorcido y complicado, pero también su nieto se podía haber esforzado un poco por comprenderlo.
En este retrato familiar, centrado en los varones de la familia, la línea de padres a hijos en torno a su abuelo Evelyn y su padre Auberon, pero remontándose hasta el "Bruto", el abuelo de Evelyn. El bruto era un hombre en efecto brutal, cuya influencia marcó al padre de este, Arthur, que tuvo luego una relación con su hijo mayor Alec a todas luces extraña, como si fueran dos coleguitas o como si el padre viviera en el hijo mayor lo que en él había sido frustración, como si reviviera en él una infancia y adolescencia mejoradas, pendiente de sus resultados de cricket en el colegio, cosas un poco ridículas. La principal víctima es el hijo menor, Evelyn, que no pintaba nada en todo ello: podéis acordaros de las relaciones entre Charles Ryder y su padre. También es interesante que el señor Loveday, el del cuento tremendo, sea un trasunto de su padre también.
Quizá por eso me fascine lo anglosajón, porque siendo todo muy retorcido, bajo una capa de buenas maneras que es todavía más fascinante, consiguen ir tirando. Parece como si todos ellos arrastren déficits emocionales no resueltos, por debajo del buen rollo externo (eso por encima de todo). Eso es lo que estamos imitando, tirando por la ventana la cultura familiar que tenemos en España, tan admirable en comparación. No me extraña que sean tan habituales en la literatura inglesa (también en las películas escandinavas) esas escenas de estallidos emocionales en los que los hijos acusan a los padres de cosas tremebundas. Aquí nos vamos poniendo a la altura y a mí no deja de llamar la atención ver a los millenials acusando a sus padres de todo lo que les parece mal en su vida.
El autor del libro adora a su padre, Auberon, famoso columnista y que a mí no me cae nada bien. Este Auberon, destinado en Chipre haciendo el servicio militar, fue herido en un accidente y estuvo meses muy mal, a punto de morir. Bueno, pues su padre ni fue a visitarle; sólo su madre, que -en el retrato demoledor de este libro- parece que estaba más interesada en sus vacas que en sus hijos. Auberon (lo llamaban Bron) dirá de ella que a las vacas "las amaba con extravagancia, como otras mujeres a sus perros o, así me han dicho, a sus hijos" (es de su libro Will this do?, p. 46). Todo esto puede ser también un ejemplo del retorcidísimo sentido del humor del tal Bron, muy elogiado por esa acidez como escritor y que a mí, ya digo, no me hace gracia. Supongo que tiene en parte razón, no sé. Qué complejo todo.

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