jueves, 14 de noviembre de 2019

Hoplitas a la carrera

Estoy traduciendo en un curso a Heródoto y en el siguiente a Tucídides y está resultando una polifonía escalofriante: donde leo en uno que en las Guerras Médicas los de Platea, que odiaban a muerte a Tebas, acabaron aliados con Atenas por mediación de los espartanos, que veían en ello un recurso para amolar a los que todavía no eran sus enemigos, me encuentro después en Tucídides a los mismos de Platea, pero ahora asediados por los espartanos y ayudados por los atenienses, sesenta años después. El discurso que pone en su boca, cuando ya sabían que estaban perdidos, es impresionante. Y al final los espartanos los matan a todos y destruyen la ciudad.
Pero yo venía a contar que la batalla de Maratón comenzó con los atenienses en formación, ayudados sólo por los de Platea (los espartanos, como era luna nueva, ni se habían movido de su ciudad: fariseos).
Heródoto lo cuenta muy bien: están como a un kilómetro y medio de los persas y lanzan el ataque a la carrera, en un acto de fe que marcó la historia* y del que los estudios modernos dudan, porque hacer esa distancia cargado con todas las armas es difícil de considerar verosímil.
Pero más difícil que esa carrera de fondo al ataque es el sobreponerse antes al miedo de la propaganda: los atenienses les parecen a los persas una panda de locos, pero de los de locura destructiva, al verlos llegar así, tan pocos, sin caballería ni arqueros. Dice Heródoto que los atenienses fueron los primeros de los griegos que «resistieron el ver el traje persa y a los hombres que lo vestían. Hasta entonces los griegos le tenían terror incluso a oír el nombre de los persas»**.
Pero mejor os pongo esta traducción de todo el pasaje, de Bartolomé Pou:
Dispuestos en orden de batalla y con los agüeros favorables en las víctimas sacrificadas, luego que se dio la señal, salieron corriendo los atenienses contra los bárbaros, habiendo entre los dos ejércitos un espacio no menor que de ocho estadios. Los persas, que les veían embestir corriendo, se dispusieron a recibirles a pie firme, interpretando a demencia de los atenienses y a su total ruina, que siendo tan pocos viniesen hacia ellos tan de prisa, sin tener caballería ni ballesteros. Tales ilusiones se formaban los bárbaros; pero luego que de cerca cerraron con ellos los bravos atenienses, hicieron prodigios de valor dignos de inmortal memoria, siendo entre todos los griegos los primeros de quienes se tenga noticia que usaron embestir de carrera para acometer al enemigo, y los primeros que osaron fijar los ojos en los uniformes del medo y contemplar de cerca a los soldados que los vestían, pues hasta aquel tiempo sólo oír el nombre de medos espantaba a los griegos.
Y es que entonces no tenían tele para ver cómo eran esos seres, con lo que la imagen que se creaban era peor que la realidad. No sé si tenían alguna imagen de ellos, algún dibujo: lo dudo. Pero se lanzaron, pocos como eran, contra el invasor terrorífico y ganaron.

Y ahora os dejo que saquéis la moraleja que queráis,

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*Fue Stuart Mill el que dijo que la batalla de Maratón, incluso como un suceso de la historia británica, es más importante que la batalla de Hastings («the Battle of Marathon, even as an event in British history, is more important than the Battle of Hastings»).
*Este es el texto griego de Heródoto: πρῶτοι μὲν γὰρ Ἑλλήνων πάντων τῶν ἡμεῖς ἴδμεν δρόμῳ ἐς πολεμίους ἐχρήσαντο, πρῶτοι δὲ ἀνέσχοντο ἐσθῆτά τε Μηδικὴν ὁρέοντες καὶ τοὺς ἄνδρας ταύτην ἐσθημένους: τέως δὲ ἦν τοῖσι Ἕλλησι καὶ τὸ οὔνομα τὸ Μήδων φόβος ἀκοῦσαι (6.112.3).

2 comentarios:

  1. Qué preciosa traducción la del padre Pou, uno de los jesuitas expulsados por Carlos III.

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    1. Estamos en sintonía claramente: yo me encontré la traducción, busqué a ver quién era el traductor, vi que era uno de los jesuitas expulsos, vi que tuvo no muy buena relación con Azara y luego me pasmé de lo buena que era su traducción, al menos de este pasaje.

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