lunes, 27 de marzo de 2017

Todos nuestros ayeres

Leí esta novela de Natalia Ginzburg por 1998, cuando estaba en Ciudad Real, después, creo, de Léxico familiar. Ahora la he releído, otra vez disfrutándola muchísimo, más todavía quizá. Son las dos obras de ella que más me gustan y esta vez he vuelto a comprobar lo estrechamente relacionadas que están: Léxico familiar es la novela de su familia, sin salirse un milímetro de los hechos, unas memorias en torno a las frases familiares. Esta novela, escrita antes, es su familia con otros nombres, con pequeños cambios: el padre de la novela es un misántropo que no trabaja, en vez del profesor industrioso que fue el suyo original, pero comparten el mal humor y sus puntos de desánimo. Su hermana mayor se llama aquí Concettina y se casa con un fascista, cuando su hermana Paola con quien se casó fue con uno de los Olivetti (los de las máquinas de escribir), antifascistas hasta la médula, pero los Olivetti son ahora los vecinos de enfrente de los protagonistas de la novela.

Esto os importará poco: Todos nuestros ayeres se sostiene sola, porque la verdad de los personajes es la misma, fuera de estos cambios circunstanciales. Su madre aparece aquí como una señora que vive en la casa y les echa una mano a los protagonistas, buena, preocupada por los detalles, aturullada, un desastre en realidad, pero a la que todos quieren. La madre real de Natalia Ginzburg es un espíritu libre, una madraza, de intereses múltiples y por eso aturullada. Yo, si tuviera tiempo, me pondría a hacer un estudio comparativo en detalle, pero no por hurgar o una supuesta erudición, sino para comprender mejor cómo hace Natalia Ginzburg para escribir tan de verdad, ya sea contando cosas de su familia en unas memorias, ya transformándolas en una novela.

Una de las claves creo que es el amor por los detalles o, mejor todavía, el amor por esos elementos mínimos que retratan a una persona.
La otra, el mirar a todos, familiares o personajes de una novela, con gran cariño, sin condenarlos nunca. Hay un personaje, Franz, judío, cobardica, dejado, que acaba siendo el héroe: lo vamos viendo y cuando ocurre eso, nos parece lógico,porque a pesar de todo siempre le tuvimos cariño.
Luego está Cenzo Rena, su criada, la Maschiana, Emanuele, la mujer del sargento, un montón de personajes admirables.

Léxico familiar siguió también el orden espacial de esta novela; de un lugar del norte (que no es Turín, pero como si lo fuera), a un pueblo de los Abruzzos y vuelta. El pueblo, san Costanzo, es inovidable. En un pueblo así estuvo confinada ella con su marido, un judío, Leone Ginzburg, que acabó muriendo a manos de los alemanes.

A mí me da envidia, además, porque me parece que es una novela a la que todos los italianos pueden acudir, tratando como trata de los años treinta y la guerra mundial y los años siguientes, tan traumáticos para Italia. En España no tenemos una novela así sobre la Guerra Civil, que trate con justicia a todos, sin caer en simplificaciones ni maniqueísmos.

Si yo me metiera en otros jardines además, vería esta novela como modelo de las escritas por una mujer: esos detalles verdaderos que encuentro en Safo, en mi recuerdo de los cuentos de Katherine Mansfield (tendría que releerla, a ver), en Jane Austen, en Flannery O'Connor.

6 comentarios:

  1. No la he leído pero me interesa. Estoy leyendo "A sangre y fuego", de Chaves Nogales, sobre la guerra civil nuestra. Es posible que te interese, quizás..

    Un abrazo

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    1. Sí, lo leí y me gustó, aunque muchó más sus crónicas periodísticas: es fascinante lo que cuenta de la caída de Francia (el libro es "La agonía de Francia"), que se puede leer como una crítica a la situación de España a la vez.

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  2. No conozco lo bastante el tema de las novelas sobre nuestra guerra civil para saber si, en efecto, hay o no alguna que trate el tema con esa comprensión abarcadora. Pero se me ocurren dos motivos para que pueda no ser así. El primero, el que se tratase, justamente, de una guerra civil, de una guerra entre compatriotas, que deja heridas mucho más difíciles de sanar, porque la división está en las familias, y el traidor, el delator o el asesino tienen nombre, viven cerca y todos los conocen. Y el segundo, que en Italia ganó la democracia, lo que con el tiempo ha relegado el fascismo a un pasado prácticamente inoperante, que no determina el presente. Pero en España, el final de la guerra fue seguido por casi cuarenta años de dictadura (y represión, sobre todo en los primeros años). Son circunstancias muy distintas, y es lógico que sus efectos lo sean también.

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    1. Sí, supongo que tienes razón. En la novela de Natalia Ginzburg están temas similares de vencedores y vencidos, fascistas y antifascistas y también las represalias de unos a otros. Es muy triste lo que cuenta, con el enfrentamiento entre italianos y luego además la ocupación nazi y el ataque posterior de los aliados, con todos los rencores que van quedando de unos a otros.

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  3. Qué curiosa la comparación entre Italia y España. Posiblemente en Italia, en esos años, hubo también una guerra civil, pero en la que solo participó una minoría en ambos lados, con la gran mayoría siguiendo su vida primero con el fascismo y luego con la democracia que les llegó de rebote. Mi última lectura de la Ginzburg, 'Las palabras de la noche', me decepcionó bastante. Por otro lado, ¿qué piensas de Primo Levi? A lo que dices de las escritoras, yo personalmente añadiría el nombre de Rosa Chacel. Enhorabuena por esta gran entrada.

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    1. A mí también "Las palabras de la noche" me dejaron un poco perplejo: es un tipo de novela más difícil, más concentrada, más de sugerir. Tengo que releerla, a ver. No he leído a Primo Levi y tengo en cartera a Rosa Chacel, que me sugirieron hace poco.
      Lo interesante de esta novela es ver cómo pasa la Guerra primero en el Norte (más o menos Turín) y luego en el centro de Italia, en un pueblo primero oficialmente fascista y luego ocupado por los nazis y después por los aliados, con la posterior postguerra y las represalias y bajezas habituales.

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