viernes, 12 de marzo de 2010

Miguel Delibes

Quiero agradecerle tantos libros suyos tan buenos: Diario de un cazador, La hoja roja, El camino, Las ratas, Cinco horas con Mario, Viejas historias de Castilla la Vieja, Señora de rojo sobre fondo gris, Los santos inocentes, Diario de un emigrante, Mi vida al aire libre, Castilla habla, La sombra del ciprés es alargada, La partida (¡ese cuento de radioaficionados!), La mortaja, Castilla, lo castellano y los castellanos (por este orden).
Y también era admirable su correspondencia con Vergès.
Gran persona, escribía por los débiles: las gentes pobres del campo -de Castilla y de cualquier otro sitio-, los niños (¡sus artículos valientes sobre el aborto!), los enfermos.
Alguna vez me lo crucé por Valladolid, pero no me atreví a decirle nada. Me gustaría estar en su funeral: al menos rezo por él desde aquí.
Y qué historia de amor la suya:

3 comentarios:

  1. Se nos ha muerto un grande. Descanse en paz.

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  2. Yo también le vi muchas veces por la Acera de Recoletos,con su cazadora de ante, siempre solo.

    Los domingos iba a misa a San Ildefonso, junto a Caballería, y aprovechaba el comienzo del sermón para visitar discretamente el cuarto de baño (problemas de la edad, supongo).

    Fue un gran escritor y un hombre bueno.

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  3. Se va un gran escritor, sin duda, y mejor hombre.

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