Sobre el amor (4 de x)
El discurso del médico Erixímaco le quiere dar un télos (perfección) al de Pausanias, y lo hace desde la ciencia; no basta -dice- con hablar de dos eros entre las personas, porque se encuentran en toda la realidad [Dover en su edición trae a colación a Teilhard de Chardin y piensa que Platón está criticando a los científicos demasiado generalistas], como se puede observar por la medicina, donde se comprueba que existe lo sano (to hygiés) y lo enfermo (to nosoûn) en el cuerpo. El médico busca favorecer lo sano y dominar lo enfermo, en concreto los contrarios que persisten como tales (frío/caliente, seco/húmedo) consiguiendo que se unan: ese era un supuesto básico de la medicina de la época: los contrarios se curan con sus contrarios, para conseguir el equilibrio (también funcionaba, como ahora, la medicina homeopática que propugnaba remedios similares para los problemas, similia similibus curantur, pero ese es otro problema).
Esto la aplica a la música (a la vez que le pega un toque a Heráclito, que mantiene, en su opinión, los contrarios en tensión, sin llegar a la unidad).
Y cuando desciende a lo concreto, vuelve a lo mismo de Pausanias de valorar el amor Uranio y reconducir el Pandemo (y aquí se ve al médico práctico, no al teórico: y si no se puede, impedir ese amor vulgar se intentará recoger el placer que se consigue en él intentando evitar los daños que produce).
Para apoyar su argumento recurre a la meteorología (ideal de clima equilibrado que no dé lugar a epidemias) y también a las prácticas religiosas (los sacrificios y la adivinación buscan ese equilibrio entre hombres y dioses, pero esto no lo desarrolla: me parece que se ha metido ahí en camisa de once varas).
Así se llega a la felicidad, dice Erixímaco, porque estamos en equilibrio entre nosotros y con los dioses.
Como veis, seguimos en el tema unidad de lo semejante / unidad de los contrarios.
_______________
En el Diálogo ya han entrado en juego muchos elementos interesantes para caracterizar el amor, pero expuestos con desorden por las víctimas propiciatorias que ha puesto Platón para que vayamos entrando en calor, porque ahora entran al ruedo los primeros espadas.
Esto la aplica a la música (a la vez que le pega un toque a Heráclito, que mantiene, en su opinión, los contrarios en tensión, sin llegar a la unidad).
Y cuando desciende a lo concreto, vuelve a lo mismo de Pausanias de valorar el amor Uranio y reconducir el Pandemo (y aquí se ve al médico práctico, no al teórico: y si no se puede, impedir ese amor vulgar se intentará recoger el placer que se consigue en él intentando evitar los daños que produce).
Para apoyar su argumento recurre a la meteorología (ideal de clima equilibrado que no dé lugar a epidemias) y también a las prácticas religiosas (los sacrificios y la adivinación buscan ese equilibrio entre hombres y dioses, pero esto no lo desarrolla: me parece que se ha metido ahí en camisa de once varas).
Así se llega a la felicidad, dice Erixímaco, porque estamos en equilibrio entre nosotros y con los dioses.
Como veis, seguimos en el tema unidad de lo semejante / unidad de los contrarios.
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En el Diálogo ya han entrado en juego muchos elementos interesantes para caracterizar el amor, pero expuestos con desorden por las víctimas propiciatorias que ha puesto Platón para que vayamos entrando en calor, porque ahora entran al ruedo los primeros espadas.


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